La Guerra del Chaco se libró desde 1932 hasta 1935 entre Bolivia y Paraguay por el control de la región del Chaco Boreal; pese a su aridez y escasa población, el control de la misma motivó la contienda por el valor estratégico del Río Paraguay, que la limita al oriente. El dominio del río abriría la puerta al océano Atlántico al país que dispusiese de él, una ventaja crucial para los únicos dos países no costeros de Sudamérica y una cuestión nacional para Bolivia, que había perdido el acceso al océano Pacífico en la llamada Guerra del Pacífico de 1879. El descubrimiento de yacimientospetrolíferos en la precordillera andina alimentaba además la hipótesis paraguaya, urgida de salir de su debacle económico y su debilidad como Estado, de que el Chaco albergaría también reservas explotables.
La guerra del Chaco fue la más grande y más sangrienta que se libró en América durante el siglo XX. El enorme despliegue de material bélico y municiones no tiene comparación con ningún otro conflicto americano a lo largo de ese siglo. Durante tres años, 250.000 soldados bolivianos y 150.000 paraguayos se enfrentaron en los cañadones chaqueños.
La malaria y otras enfermedades, al igual que la falta de agua diezmaron más los ejércitos que las balas. Durante tres años, de 1932 a 1935, Bolivia y Paraguay pelearon una guerra salvaje en la que hubo gran cantidad de bajas (55.000 bolivianos y 40.000 paraguayos). En lo económico la guerra fue un desastre para ambos países. Años después se descubrió que no existían más yacimientos petrolíferos aparte de los que ya se habían descubierto en la precordillera boliviana del Chaco.
En 1936, el gobierno del presidente paraguayo Ayala fue depuesto por un golpe militar dirigido por oficiales jóvenes, escandalizados por lo que suponían términos extremadamente benignos para Bolivia. Que elevo al poder al coronel Rafael Franco, cuestion de que en el ejército paraguayo este era mas apreciado que Estigarribia, eso condujo a la caída del Partido Liberal del poder acusados estos de “entreguistas del Chaco” el 17 de febrero de 1936. Paraguay sucumbió ante los efectos de una severa crisis económica y una sucesión de golpes de estado y dictaduras, que culminaron en la dictadura de Alfredo Stroessner de 1954 a 1989.
En Bolivia, Salamanca tuvo que ceder el gobierno a su vicepresidente José Luis Tejada Sorzano ya a fines de 1934, quien a su vez fue derrocado en mayo de 1936 por el coronel José David Toro, uno de los responsables del fracaso militar. Faltaban menos de dos semanas para unas nuevas elecciones presidenciales.
La Guerra del Chaco tuvo un impacto muy profundo en Bolivia y el Paraguay quedando ambos países seriamente afectados en sus economías.
Acuerdo limítrofe
El 27 de abril de 2009, 74 años después de finalizado el enfrentamiento bélico, los presidentes Evo Morales de Bolivia yFernando Lugo de Paraguay firmaron en Buenos Aires el acuerdo definitivo de límites territoriales del Chaco Boreal. El acto se realizó en la Casa Rosada en presencia de la presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner, previa aceptación por parte de sus respectivos cancilleres del “Acta de cumplimiento y ejecución” del Tratado de paz, amistad y límites entre Bolivia y Paraguay de 1938.
Ese día, la comisión mixta demarcadora de límites, integrada por Bolivia y Paraguay y presidida por la República Argentina en representación de los países garantes –Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos, Perú y Uruguay– y que comenzó su labor en 1938 a partir de la conferencia de paz de Buenos Aires, entregó a los primeros mandatarios de Bolivia y Paraguay, a través de la presidenta anfitriona, la memoria final de la demarcación de la frontera entre ambos países, dando por cumplido el tratado de paz.
El informe sobre la labor técnica, finalizada en 2007, fue realizado por el delegado argentino y presidente de la comisión demarcadora, general retirado Luis María Miró.12
La Guerra de la Triple Alianza (1864–1870), llamada por los paraguayos Guerra Grande o Guerra contra la Triple Alianza, por los brasileños Guerra do Paraguai y por los uruguayos y argentinos Guerra del Paraguay, fue la guerra en la cual la “Triple Alianza” —una coalición conformada por Brasil, Uruguay y Argentina— luchó militarmente contra el Paraguay.
Existen varias teorías respecto de los detonantes de la guerra. En esencia, el revisionismo argentino y la visión tradicional paraguaya atribuyen un rol preponderante a los intereses del Imperio Británico.12 La visión alternativa pone el acento en la agresiva política del mariscal Solano López respecto de los asuntos rioplatenses. Comenzó a fines de 1864 con las acciones bélicas entre Brasil y Paraguay; a partir de 1865 ya puede hablarse de “Guerra de la Triple Alianza”.
Polémica actual
En fechas recientes, la presidenta argentina Cristina Fernández en un discurso público elogió a Francisco Solano López, calificando a la Triple Alianza como una Triple Traición a los intereses de latinoamérica frente a los imperialismos, a ello se sumó que el ejército argentino decidió denominar a una unidad militar con el nombre de Mariscal Francisco Solano López. A ello respondió el editor de La Nación, tataranieto de Bartolomé Mitre, comparando a Solano López con Adolf Hitler. Este editorial provocó una respuesta enérgica en la intelectualidad paraguaya y también entre intelectuales de izquierda en general.131415 Una de las respuestas más enérgicas fue realizada por el Dr. Rubén Luces León a través de unartículo directamente relacionado al editorial del diario La Nación de Argentina, este fue publicado por el portal de opiniones “La Rueda” (www.larueda.com.py). Al respecto, Cristina Fernández expresó “Algun medio de comunicación, fundado tal vez por uno de los que encabezó aquella triple traición, me criticó duramente. No importa, la verdad histórica no puede taparse con editoriales. Está escrita, desgraciadamente a sangre y fuego en el corazón del pueblo paraguayo”16 La política del gobierno totalitario pero indiscutiblemente popular y nacionalista de Gaspar Rodríguez de Francia no era bien vista por el gobierno británico, representante de los múltiples consorcios ingleses que en esa época tenían el predominio de las inversiones y las ganancias en América del Sur.Tanto las acciones de los brasileños como el partido colorado del Uruguay de entonces y por último la actitud de Mitre, tenían detrás la poderosa influencia política y el financiamiento económico de la potencia británica, que no escatimó dinero y esfuerzos “diplomáticos” para exterminar el esfuerzo de independencia y soberanía del Paraguay.
La acción políticamente irreflexiva del Mariscal Solano López de invadir el Uruguay a través de Misiones, forzó la guerra contra Argentina, y arrastró tras sí al Uruguay. A partir de ese momento el destino de Paraguay estaba definido. Como había permanecido al margen de las luchas independentistas de los últimos cuarenta años, no tenía experiencia militar ni oficiales competentes. En poco tiempo debió retroceder y refugiar sus tropas en Humaitá, intentando sólo posponer la inevitable derrota.Y con referencia a la catastrófica destrucción de vidas provocadas por esa guerra, y la aceptación del pueblo paraguayo de luchar hasta su virtual extinción, varios historiadores bucean en la atípica historia paraguaya, condicionada por su geografía (que la convertía en una especie de “nación insular”, aislada de los territorios vecinos por cientos de kilómetros de selvas) y las consecuencias sociales del extraordinario experimento jesuita de las “misiones”, donde habían consolidado un régimen autocrático basado en la obediencia ciega y la delación cruzada de todos sus miembros. Este régimen, utilizado y potenciado posteriormente por el Dr. Francia y Lopez a lo largo de cincuenta años había provocado una sociedad compuesta mayoritariamente de indígenas que sólo conocían del exterior la información que suministraban sus autoridades, que ignoraban el uso y sentido de la palabra “libertad” y cualquier muestra de individualismo. Así siguieron ciegamente las órdenes de combatir hasta el fin. Por otra parte, la rendición, la deserción o aun la protesta era castigada con ciega brutalidad, sobre sus autores y también en sus bienes y familias.
La causa inmediata fue la lucha por la soberanía sobre estos archipiélagos australes, tomados por la fuerza en 1833 y dominados desde entonces por el Reino Unido, algo nunca aceptado por Argentina que los sigue reclamando como parte integral e indivisible de su territorio; de hecho, considera que se encuentran ocupados ilegalmente por una potencia invasoray los incluye como parte de su Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
El coste final de la guerra en vidas humanas fue de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.
Políticamente, en la Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la junta militar que gobernaba el país; en el Reino Unido, por su parte, la victoria en el enfrentamiento ayudó a que el gobierno conservador de Margaret Thatcher lograra la reelección en las elecciones del año 1983.2
Fundamentos políticos y militares de la invasión argentina
La decisión se basó en los siguientes presupuestos políticos y militares:
Naciones Unidas se había adherido firmemente a la doctrina de la guerra justa mediante la aprobación, por grandes mayorías, de las resoluciones 2131 (1965), 2326 (1967), 2908 (1972), 3281 (1974) y 3314 (1974), que reconocían explícitamente la legitimidad de las guerras de liberación, de autodeterminación, contrarias a la opresión racial, etc. Amparada en este antecedente legal, la mención a una hipotética recuperación de las islas por la vía armada había estado presente en el discurso diplomático bilateral desde 1972.6
Entre 1981 y 1982, varias acciones del gobierno británico fueron interpretadas por la junta militar argentina como señales de desinterés por el archipiélago, sus habitantes y su futuro; entre otras:
debido a recortes presupuestarios, el ministerio de defensa británico decidió prescindir de sus dos portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible), sus dos buques de desembarco de tropas (HMS Fearless y HMS Intrepid) y del patrullero antártico HMS Endurance, llamado por los británicos «el guardián de las Islas Falkland». Varios periódicos argentinos llegaron a afirmar que el Reino Unido abandonaba la protección de las Islas Malvinas. En el mismo sentido, los representantes malvinenses en Londres expresaron su profunda preocupación por el inminente desarme.7
la nueva ley de nacionalidad aprobada por el parlamento británico relegaba a la mayoría de los nativos malvinenses a una segunda categoría y les negaba la ciudadanía completa.8
La guarnición británica en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur era reducida, y la lejanía a la metrópoli impedía la llegada de refuerzos a tiempo.
La capacidad de guerra anfibia del Reino Unido a medio mundo de distancia no parecía estar a la altura de las circunstancias, pese a su gran poderío aeronaval.
No parecía probable que el Reino Unido realizara un contraataque a gran escala, afectando al territorio continental argentino —por ejemplo, usando sus submarinos nucleares— por una cuestión colonial sobre unas islas remotas.
Basándose, en líneas generales, en lo anterior, el gobierno argentino diseñó un plan para la recuperación militar de los tres archipiélagos en disputa llamado Operación Rosario, alterando el statu quo por la vía de los hechos. La operación fue creada a finales de 1981 y principios de 1982 por el AlmiranteJorge Isaac Anaya, miembro de la Junta presidida por Galtieri.
Una vez constituido el Estado ecuatoriano, se suscribieron diversos acuerdos y tratados con la finalidad de trazar la frontera entre ambos países, sobre todo en la parte amazónica. Ecuador señala la existencia del Protocolo Pedemonte-Mosquera que, firmado en 1830 fue una continuación del Tratado Larrea-Gual. Perú cuestiona la validez de ese tratado, llegando a afirmar que nunca se firmó, debido a que jamás se encontró el documento original.
Durante 1859 y 1860, ambos países libraron una guerra sobre un territorio cercano al río Amazonas. Sin embargo, Ecuador ingresó a una guerra civil que impidió las relaciones diplomáticas con el resto de Latinoamérica, incluyendo al Presidente del PerúRamón Castilla, ya que no existía un gobierno reconocido en Ecuador con el cual tratar. Igualmente, entre1879 y 1883 el Perú participó en la Guerra del Pacífico contra Chile y no pudo atender otros asuntos diplomáticos.
En 1887, un tratado suscrito por ambas naciones estableció que el Rey de España actuaría como árbitro. Se pensó que ese Tratado, denominado Herrera-García, resolvería permanentemente el conflicto. Sin embargo, el Congreso de la República del Perú señaló que ratificaría el tratado sólo luego de que se introdujeran algunas modificaciones por cuanto lo consideraba poco favorable para su país. Ante ello, Ecuador se retiró del proceso en protesta de las modificaciones peruanas y el Rey se abstuvo de proponer una decisión.
En el siglo XX Ecuador se enfrentó nuevamente a Perú. Se dieron nuevos incidentes limítrofes. El más importante de esos conflictos fue el que se dio en el año de 1911. En 1922 hubo otra disputa referida a la firma del Tratado Salomón Lozano entre Perú y Colombia, que resultó favorable a esta última nación. Este tratado causó malestar tanto en Perú (donde se señala que el presidente Augusto B. Leguía lo suscribió bajo presión de los Estados Unidos) como en Ecuador que se veía, de esa forma, limitando con Perú por el este. Sin embargo, el reconocimiento colombiano respecto a las aspiraciones territoriales del Perú señalándolas como legítimas ayudaron a este país.
En 1936, tras largos años de incidentes y negociaciones, se fijó una “línea de statu quo“, en calidad de frontera provisional mutuamente reconocida, tomando como base los territorios quede facto poseía cada país. Dentro de dicha línea provisional, en la zona correspondiente al actual departamento peruano de Amazonas, se fijaba, como frontera natural, la Cordillera del Cóndor.
La posición peruana alegó en 1941 que Ecuador desconoció esa línea provisional por lo que movilizó su ejército, ingresando a territorio ecuatoriano por Tumbes (localidad de Aguas Verdeslimítrofe con Huaquillas). El Perú empleó todos sus recursos militares haciéndose del control del espacio previamente ocupado por Ecuador los días5, 23 y 24 de julio. y que constituía el 50% del territorio que dicho país consideraba suyo.
La Fuerza Aérea del Perú bombardeó la población ecuatoriana de Santa Rosa, en la provincia fronteriza ecuatoriana de El Oro, y amenazó con hacer lo mismo con la ciudad de Guayaquil. Tropas peruanas invadieron regiones del sur del Ecuador, y las ocuparon hasta la firma del protocolo de Río de Janeiro en 1942.
Tomando en cuenta la situación mundial en ese entonces (Segunda Guerra Mundial), los países del continente no estaban interesados en un nuevo conflicto, por lo que “presionaron” a Ecuador a firmar el protocolo de Río de Janeiro, del 29 de enero de 1942, garantizado por Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos de América. Este documento fijó una línea de frontera minuciosamente descrita, que en lo esencial restituyó el statu quo de 1936.
Posición peruana
La argumentación peruana señala lo siguiente sobre este tema:
El Perú no tiene territorios pendientes de “devolución” con ninguno de sus vecinos;
El Protocolo de Río de Janeiro es un tratado internacional perfectamente ejecutable y su cumplimiento no admite revisión alguna.
Posición ecuatoriana
La argumentación ecuatoriana señala, por su parte:
El Protocolo de Río de Janeiro es un tratado cuyo cumplimiento no puede ser exigido al Ecuador por cuanto fue un texto impuesto y su suscripción se realizó estando ocupado una gran parte del territorio nacional.
El Protocolo de Río de Janeiro señala el divisor de aguas Zamora-Santiago para distribuir equitativamente entre los dos países el espacio geográfico entre los ríos Zamora y Santiago. Sin embargo, en la realidad geográfica no existe dicha divisoria de aguas por el hecho de que el río Cenepa, que antes se pensaba era un afluente insignificante del río Marañón-Amazonas, resultó ser un sistema hidrográfico independiente y mucho más extenso interpuesto entre el Zamora y el Santiago. Al no existir la divisoria de aguas Zamora-Santiago es inaplicable el trazado de la frontera en este sector enunciado en el artículo VIII. B.1.
Ante esa inejecutabilidad del Protocolo, resulta indispensable establecer una línea de frontera que distribuya equitativamente entre los dos países el espacio geográfico comprendido entre los ríos Zamora y Santiago.
Esa distribución, no obstante, sólo puede hacerse atendiendo a los derechos de las partes y reconociendo al Ecuador el acceso que demanda al Marañón-Amazonas, en debida atención a sus históricos derechos amazónicos y a los requerimientos de su desarrollo como país condómino en la Cuenca del Gran Río. De esa forma se abrirán amplias posibilidades para la cooperación de las dos partes en proyectos de interés común en la Amazonía, y para una útil y fácil comunicación de los puertos marítimos del Ecuador tanto con los accesos ecuatorianos al Amazonas y sus afluentes como con los polos de desarrollo binacional y multinacional en la región.
Documental sobre esta guerra (versión Ecuatoriana)
A mediados del siglo XIX el desierto de Atacama había adquirido un gran valor económico debido al descubrimiento de valiosos yacimientos de guano y, posteriormente, de salitre, ambos, entonces, con buena ley y buen precio en el mercado internacional.
Al crearse la República de Bolivia en 1825 —denominada inicialmente República de Bolívar— Simón Bolívar define una salida al mar por Cobija (Puerto La Mar); sin embargo, gran parte de la explotación económica de esa zona costera fue llevada a cabo por empresarios chilenos en condiciones, según algunos, muy ventajosas para ellos.
De acuerdo con su preámbulo, el tratado de 1866 tenía por finalidad, “poner un término amigable i recíprocamente satisfactorio a la antigua cuestión pendiente entre ellas sobre la fijación de sus respectivos límites territoriales en el desierto de Atacama i sobre la esplotación de los depósitos de huano existentes en el litoral del mismo desierto” [sic], estableciendo en su artículo I que la frontera de los dos países sería “en adelante el paralelo 24 de latitud meridional desde el litoral del Pacífico hasta los límites orientales de Chile“; asimismo establecía una medianería en favor ambos países, entre los paralelos 23 y 25, sobre los productos provenientes de la explotación de los depósitos de guano y los derechos de exportación que se percibieren sobre los minerales extraídos en aquella área.
El gobierno que depuso a Mariano Melgarejodeclaró como nulos todos los actos del gobierno anterior, incluyendo los tratados de límites firmados con Chile y Brasil; esta declaración tensionó las relaciones con el gobierno chileno hasta la firma del Tratado de 1874, que reemplazó al de 1866. Este último tratado volvió a fijar como límite entre las Repúblicas de Chile y Bolivia “El paralelo del grado 24 desde el mar hasta la cordillera de los Andes en el divortia aquarum” [sic], estableciendo además, en el artículo IV, que los derechos de exportación que se impusieran sobre los minerales exportados en el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 25 de latitud sur “no excederan la cuota de la que actualmente se cobra, i las personas, industrias y capitales chilenos no quedarán sujetos a mas contribuciones de cualquiera clase que sean que las que al presente existen. La estipulación contenida en este artículo durará por el termino de venticinco años” [sic]. Este tratado internacional era el vigente hacia 1879.
El 27 de noviembre de 1873, la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, una sociedad chilena formada por capitales chilenos y británicos, firmó un acuerdo con el gobierno boliviano que le autorizaba la explotación de salitre libre de derechos por 15 años, desde la bahía de Antofagasta hasta Salinas, incluyendo el Salar del Carmen. Dicho acuerdo no fue ratificado por el congreso boliviano, que en ese entonces se encontraba analizando las negociaciones con Chile1 —que darían por resultado el tratado de 1874—.
Este documental es la versión Chilena de esta Guerra.
Consecuencias
La guerra concluyó el 20 de octubre de 1883 con la firma del Tratado de Ancón, mediante el cual el Departamento de Tarapacá pasó a manos chilenas permanentemente y las provincias de Arica y Tacna quedaban bajo administración chilena por un lapso de 10 años, al cabo del cual un plebiscito decidiría si quedaban bajo soberanía de Chile, o si volvían al Perú.
El plebiscito previsto en el Tratado de Ancón nunca se llevó a cabo y no fue hasta 1929 que se firma el Tratado de Lima, que contó con la mediación de Estados Unidos, que decide que gran parte de la provincia de Tacna sería devuelta al Perú mientras que Arica y el resto quedaría definitivamente en manos de Chile.
El Estado de Chile pudo iniciar un proceso de chilenización dirigido a la población de Tacna, Arica y Tarapacá, interviniendo en las organizaciones privadas y públicas de la zona. A inicios del siglo XX la chilenización se hizo más intensiva y compulsiva, llegando a puntos exacerbados hacia el primer centenario de la Independencia de Chile.10 por la actividad de ciertos grupos de población civil chilena, de naturaleza nacionalista, que comenzaron la creación de “ligas patrióticas” con la finalidad de desaparecer los rasgos peruanos de los territorios de Tacna, Tarata, Arica y Tarapacá.
La paz entre Chile y Bolivia fue firmada en 1904. El tratado de paz entre ambas naciones, en el cual Bolivia definitivamente reconocía la permanente soberanía chilena sobre el territorio previamente en disputa, ha sido, sin embargo, origen constante de tensiones diplomáticas entre ambos países durante el siglo XX y comienzos del siglo XXI, debido a que Bolivia perdió toda posibilidad de salida soberana al Océano Pacífico.
Tras su victoria, Chile tomó posesión no sólo de una importante extensión territorial, sino también de enormes depósitos salitreros, guaneros y de cobre. Éstos fueron adquiridos mayoritariamente por capitales británicos, por medio de la compra de bonos desvalorizados emitidos antes del conflicto por Perú y adquiridos a bajos precios con préstamos de bancos chilenos, que los hacían dueños de las salitreras, lo que ha llevado a parte de la historiografía moderna a ver a los ingleses como instigadores ocultos de la guerra, sin pruebas concluyentes a decir de la historiografía chilena[cita requerida]. Algunos historiadores creen ver en algunas publicaciones de la época, inglesas y europeas en general, por ejemplo la editorial del diario británico “The Bullonist” aparecida en 1879, como pruebas del apoyo a las aspiraciones chilenas. Por el contrario, otros estiman que estas publicaciones se deben más bien al clima electoral existente en dicho país y a la ardua disputa entre el Primer MinistroBenjamin Disraeli, partidario de intervenir, y William Gladstone contrario a la intervención.
El salitre fue la principal fuente de riqueza de Chile hasta el descubrimiento del salitre sintético por los alemanes, durante la Primera Guerra Mundial.
Luego de la ocupación chilena de Lima en 1881, el gobierno argentino ordena alistar el ejército, la compra de un blindado, de material de guerra y la construcción de un línea férrea hasta los Andes como vía de abastecimiento. Con ello ambos países se colocan al borde de una guerra, aceptando la mediación del gobierno estadounidense.11 El 22 de octubre de 1881 se canjean en Santiago las ratificaciones del Tratado de límites entre Chile y Argentina, una acuerdo con el que Argentina obtiene la soberanía definitiva sobre 1.200.000 km2;12 aprovechando que Chile estaba en guerra al norte, y ahora amenazado con un nuevo frente de guerra en el sur.13 Con este acuerdo, el gobierno chileno renunció a sus pretensiones de soberanía sobre la Patagonia Oriental, aceptando que desde entonces formara parte de Argentina. En Chile, se entendía que Argentina se comprometía tácitamente a la neutralidad en la guerra que se libraba en el Pacífico y que no iba a firmar el Tratado de Alianza Defensiva Perú–Bolivia.
En 1883Chile quedó en posesión de la Puna de Atacama de 75.000 km², que hasta entonces había pertenecido a Bolivia y la consideró de su propiedad luego del Tratado de Tregua de1884, pero diversos tratados y mediaciones entre Bolivia, Argentina y Chile concluyen en 1889, donde Argentina renunció a su reclamo sobre Tarija y Chichas reconociéndolas como territorio de Bolivia; y en 1899 donde 64.000 km² de la Puna de Atacama quedó para la Argentina y 11.000 km² para Chile.14